MONTESINOS

Poco o nada queda de aquel periodista de impecable aspecto y modos respetuosos, tertuliano, especialista en temas del PP que, aunque con un evidente sesgo ideológico de derecha, informaba con solvencia sobre el PP.

Defendía que lo que mejor tenía que hacer el PP era admitir los casos de corrupción y defenestrar de sus filas a los artífices por acción u omisión de la larga ristra de casos que afectaban a los populares.

Ahora, fichado por el PP, siendo diputado y vicesecretario de comunicación es difícil reconocerle, salvo por inmejorable imagen, como aquel chico que, aunque con un evidente sesgo ideológico de derecha, criticaba sin paliativo los casos de corrupción en el PP.

En la mayoría de las ocasiones, da cierta grima verlo responder a la prensa desde su condición de vicesecretario de comunicación mediante argumentarios cuidadosamente establecidos de antemano al mejor estilo de cualquier político cunero que haya hecho carrera en el seno de la formación política.

O su nuevo estatus le hecho cambiar mucho y rápido o se ha debido comer un sapo tan grande como los que se han tragado los parlamentarios de PSOE y UP, salvo honrosas excepciones, con motivo de confirmación parlamentaria del magistrado Enríquez Arnaldo como miembro del Tribunal Constitucional, al que le persigue una negra sombra de corrupción.

Se ha debido envainar bien envainada su consabida postura contra cualquier tipo de corrupción porque de otra manera no se entiende que, para defender la propuesta de PP al respecto, haya tenido que recurrir a Bildu. Preguntado por la prensa por los diputados disidentes de PSOE y UP que votaron en contra de Arnaldo, Montesinos, tirando de argumentario, ha reprochado esa actitud y le cuestionan si se taparon también la nariz cuando sus partidos pactaron con una fuerza política que no condena el terrorismo como Bildu. 

Ya ven, Pablo Montesinos, ya no exige regeneración en el PP ni tampoco considera la corrupción como lo peor de la política y para no entrar en el fondo de la cuestión de manera recurrente, como en otros muchos casos, tira lastimosamente de argumentario para tirar balones fuera.

Cabe preguntarse, ¿cuál es el verdadero Pablo Montesinos, aquel que intransigía con la corrupción o este que la ampara y poco menos que la justifica? Siendo muy generosos y dándole el beneplácito de la duda, podemos decir que se perdió un buen y riguroso periodista para ganar un político tan al uso como mediocre.


Puño en Alto

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