INDECENCIA EXTREMA

Viñeta de Forges

Por la política de la Sanlúcar del Santo Régimen lamentablemente pululan presuntos políticos de todo pelaje, todos ellos con la característica común de la extrema indecencia.

Impúdicos, vividores, caras duras, sinvergüenzas, corruptos, mentirosos, obscenos, deshonestos, indecorosos, indignos, mangantes, gorrones, pretendidos asalta cielos, sicalípticos, inmorales, parásitos, oportunistas, pancistas, mafiosos, desahogados, ineptos, incompetentes, ineficaces, inútiles, aprovechados, estómagos agradecidos, listillos, hipócritas, comodones, falsarios, insolentes, cínicos, depravados, tontos útiles, negados, despreocupados, beatones, impertinentes, insensibles, despiadados, impíos, tragasables, indiferentes, vendedores de humo, explotadores, tránsfugas, déspotas, farsantes, bocachanclas, inservibles, redomados, ladinos, buscas fortunas, marrulleros, bellacos, desafiantes, trúhanes, crueles, desalmados, intemperantes, prepotentes, etc.

Estas son algunas de las muchas cualidades que atesoran esa fauna que mal gobierna la ciudad que dan como resultado un régimen que se sustenta gracias a un pueblo, cuando no hastiado, complaciente y domesticado, abandonado a su suerte en el que prima, sobre todo, el salvase quien pueda. 

Esta caterva de impresentables lleva condicionando el progreso y desarrollo de una ciudad desde el 2007 y en las manos de la mayoría social sufridora está acabar con este Santo Régimen, que de santo tiene poco y si mucho de nauseabundo.

Frente a este maremágnum de impresentables, a modo de contraste, están los decentes, honestos y honrados que trabajan por mejorar las cosas de forma incansable, cuyo único defecto es decir lo que piensan y reflejar la realidad de la situación sin cortapisas ni impedimentos circunstanciales. La firmeza y sinceridad de sus propuestas nada tienen que ver con las apuestas maquilladoras de circo y panderetas que caracteriza a la banda chapucera gobernante.

El pueblo de la Sanlúcar del Santo Régimen no elige en libertad porque no hay libertad de elección en quienes se encuentran secuestrados por una maquinaria de clientelismo muy engrasada y el “virgencita déjame como estoy” le ciega los ojos y la capacidad de discernir la realidad que hipoteca su presente y, peor aún, su futuro y el de los suyos.

Esta tropa de indeseables no serían nadie si no tuvieran detrás una no menos banda de impresentables que los apoyan adornados con los mismos atributos anteriormente referidos.

Este es el Santo Régimen establecido, como son los que los han establecido, los que lo disfrutan, quienes absorto o complacientes prefieren mirar hacia otro lado y quienes lo aceptan de forma sumisa como de un mal divino fuere.  No hay que caer en la resignación como la de quien cree que “No hay enfermedad que dure cien años ni cuerpo que la resista”.

Tenemos las herramientas y la razón,  utilicémoslas.


Puño en Alto

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