HIPOCRESIA MIGRATORIA

Es de alabar el compromiso del conjunto de los países europeos, al unísono, para disponer todos los recursos humanos, materiales, económicos y hasta legislativos posibles para atender a la avalancha migratoria de ucranianos que huyen del horror de la guerra desatada en su país por la injusta invasión de Rusia.

En el caso de España, se está poniendo en marcha un mecanismo administrativo de urgencia para que los ucranianos que lleguen obtengan el estatus de refugiados por un año prorrogable a dos con derecho a poder trabajar en nuestro país. Decisión que sin duda alguna se aplaude.

De mismo modo, es de valorar la atención mediática que está teniendo las vicisitudes que están padeciendo los ucranianos para salir de su país huyendo de la guerra. Aunque, si bien es cierto, que el sensacionalismo y la carrera emprendida por ser el primero en dar la noticia más cruda soslaya la noticia misma.

Pero alrededor de todo esto hay una aureola de hipocresía que también es digna de reseñar. Basta recordar como a los cientos de miles de sirios que abandonaron su país huyendo de la guerra no se les ofrecieron ni mucho menos las mismas oportunidades, todo lo contrario. En el seno de la comunidad europea se originó un desencuentro por la disputa de las cuotas de refugiados sirios que deberían acoger cada país hasta que se decidió pagar a Turquía para que fuese principalmente tapón de la avalancha migratoria y en ese país se establecieron campos de refugiados donde malvivían y aún malviven decenas de miles de sirios en condiciones infrahumanas.

La justa y necesaria solidaridad internacional con Ucrania a la que se le está ayudando con recursos económicos y materiales bélicos contrasta con la indiferencia indisimulada que esa misma comunidad internacional tiene con el pueblo palestino que lleva décadas sufriendo lo más parecido a un genocidio por parte de Israel. Algo muy similar ocurre con el pueblo saharaui al borde del exterminio de manos de Marruecos y tantos otros países de la África Subsahariana cuyos pueblos llevan décadas padeciendo una guerra sin fin con la indolencia de la comunidad internacional.

A los migrantes de estos lugares que llegan a nuestro país huyendo del hambre y del horror de la guerra jugándose la vida en pateras y masacrados por la persecución de las mafias no se le dan las facilidades que justamente se les están ofreciendo a los ucranianos. En España hay miles de personas que llevan esperando más de cuatro años que se le concedan el estatus de refugiados y de esta manera poder emprender mínimamente una nueva vida en nuestro país.

Incluso la extrema derecha que siempre ha sacado a relucir su cara más despreciable en cuanto a la recepción de migrantes en nuestro país, no solo está manteniendo en el caso de los migrantes ucranianos un silencio clamoroso, sino que está alentando al gobierno a que se le atienda debidamente.

¿Qué diferencia verán entre un refugiado ucraniano, sirio, saharaui o del África susahariana que huyen del mismo horror de la guerra, para que los primeros tengan con justicia un trato de acogida tan favorable y los otros no?

Como decía el cantante y poeta: «The answer is blowin’ in the wind».


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