EMÉRITA VERGÜENZA

Como ciudadanos ya no nos avergüenzan las correrías inmorales de todo tipo del todavía emérito. Tampoco nos avergüenza saber que ha estado cobrando extrañas y millonarias comisiones por no menos extraños servicios o mediaciones mientras ejercía de Jefe de Estado. Menos aún nos avergüenza saber que su familia también se ha estado beneficiando de las actividades supuestamente ilícitas.

Igualmente, no nos avergüenza saber que se ha librado de sentarse en el banquillo ante la Justicia de nuestro país por aquello de la prescripción de los delitos supuestamente cometidos y la inviolabilidad de sus actos inherente a su condición de Jefe de Estado. Tampoco nos avergüenza que la Justicia británica dictamine que el emérito no tiene inmunidad al no formar parte de la familia real conforme a las leyes inglesas y que, por tanto, puede ser juzgado por la demanda civil por acoso interpuesta por su reconocida examante, Corinna Larsen.

Del mismo modo, no nos avergüenza que los abogados del emérito hayan recurrido, una vez más, a la inviolabilidad de sus actos para librarle de ser juzgado. Y tampoco nos avergüenza que la Justicia británica haya tenido que emplear un ejemplo tan meridiano para explicar por qué no se acepta la recurrente excusa de la inviolabilidad para eludir su responsabilidad.

En definitiva, las actividades de sátrapa, aunque haya sido Jefe de Estado, sus consecuencias y sus, no menos, reprobables descendientes y cónyuge, no nos puede ni debe avergonzar, tan solo nos debe servir para repudiar a esta monarquía que no ha sabido o no ha querido devolver con algo de ejemplaridad, la vida regalada que han recibido.

Lo que si nos avergüenza como ciudadano, es que haya aún quienes pretendan justificar lo injustificable sobre las andanzas y tejemanejes económicos opacos al fisco del todavía rey emérito. Que haya quienes aplaudan la decisión de la fiscalía de archivar la investigación, aunque sea bajo el desdoro de la inviolabilidad y la prescripción. Que justifiquen la huida del mismo a un país en el que no se contempla extradición alguna, por si acaso y la pretensión del regreso como si no hubiese pasado nada poniendo hasta condiciones en donde asentar sus posaderas.

Avergüenza el sentimiento de súbdito, cuando no de vasallo, que subyace en sus argumentos. Avergüenza sobremanera quienes le atribuyen en cuanto a la salvación de la democracia lo que ni ética ni moralmente se ha demostrado que no le corresponde.

Avergüenza los que le vitoreaban y valoraban su «campechanismo» y los que, a pesar de todo, aún siguen pensando lo mucho que ha hecho por este país, sin valorar el descrédito que ha originado no solo en la institución que representaba, sino también en otras instituciones y en el principio básico de toda Democracia que se precie, como que la Justicia es igual para todos. Y avergüenza que la Justicia de otros países enmiende la plana y que saque los colores a la nuestra.

Puño en Alto

Una respuesta a “EMÉRITA VERGÜENZA”

  1. (Solamente) República Yaaaaaaa.

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