DIME DE QUÉ PRESUMES

Un refrán es un dicho popular, en su mayoría anónimos, cuta finalidad es transmitir una enseñanza o mensaje instructivo o moral mediante una sentencia acotada que se utiliza para poner un ejemplo, llamar a la reflexión o dar alguna enseñanza sobre algo.

Por lo general, cuando alguien alardea de algo es precisamente de aquello de lo que carece. Esto es, porque si se enfatiza demasiado alguna característica o virtud, probablemente sea porque está exagerando algo que le falta en alguna medida. Para estos casos, el sabio refranero español recoge aquello de «Dime de qué presumes y te diré de qué careces«.

Este comportamiento, para algunos cercano a lo infantiloide, para otros cercano a la frustración que produce determinadas carencias, se da en cualquier ámbito de las relaciones personales. Los hay, incluso, que podrían considerarse profesionales en eso de la autoalabanza gratuita, del pavoneo infundado y del vanaglorio baldío.

Estos personajes han encontrado en las redes sociales la herramienta pintiparada para dar rienda suelta a la presunción de sus supuestos valores y ay de aquel que se atreva a poner en solfa los mismos y encuentren contradicciones entre lo que pregona y determinados comportamientos, reaccionando, en tal caso, de forma muy obsesiva y descalificativa contra los que han osado alegar sus incoherencias.

En política, con toda la sorna posible, se le conocen como los «repartidores de carnet». Son aquellos que cacarean sus virtudes identitarias a los cuatro vientos a la mínima oportunidad que se les presenta y si no las hay se las inventan para resaltar su pureza ideológica en contraposición a los que consideran «traidores» de la doctrina del partido de que se trate. Su afán de polemizar contra todo y todos llevados por la intención de demostrar lo que en realidad no son ni pueden ser, solo está a la altura de su penuria intelectual, así como, de las exigüidades de sus valores.

Cuando por mal del destino alguien se topa con algún o alguna de estos verdaderos vendedores de humo personal, lo mejor es obviar su obsesivo y cuasi enfermizo comportamiento y sin entrar en su juego espetarle más allá de «En boca cerrada no entran moscas» con aquel otro refrán de «Quien no te conozca que te compre«, para hacerle ver que son evidentes sus carencias y, más aún, el engaño en ocultarlas y la malicia de su comportamiento.

Puño en Alto

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