¿ESPÍAS O ESTAFAS?

Eran los 80 y se imponía el espíritu del «do it yourself», era una pulsión colectiva de cambio que propició el boom del diseño español. En la Movida todo el mundo se veía con la capacidad creativa necesaria para diseñar fuese lo que fuese. Hasta el límite de que dos personas para conocerse se preguntaban una a otra aquello de “Y tú, ¿estudias o diseñas? o ¿diseñas o trabajas?”

Las cosas han cambiado mucho desde entonces y el tiempo ha dejado atrás a la inmensa mayoría de muchos de aquellos que creyeron encontrar en la actividad creativa del diseño su modo de canalizar su inquietud, no solo creativa, sino más bien rebelde. Había que provocar y era en el supuesto diseño donde se daba esta posibilidad de forma más propicia.

Hoy en el Madrid actual, esa supuesta cuna de la libertad que nos quiere vender, y en gran parte del país, lo que más se habla es de espionaje y de estafas comisionistas. De tal manera, que cuando dos personas se conocen en determinados ámbitos se preguntan: Y tú, ¿espías o estafas?

Aquella pulsión creadora con los años ha dado paso a estas otras actividades, no exentas de creatividad y al parecer mucho más lucrativas. Espías, que algo queda, o estafas que, con suerte y contactos, te quedas con todo, se dicen unos a otros para alentarse en su actividad.

Las tramas de espionaje político han estado presentes durante años en las luchas internas por el poder del PP de la Comunidad de Madrid. De la «gestapillo» montada desde el Gobierno de la Puerta del Sol para vigilar a los rivales políticos de Esperanza Aguirre al espionaje a Ignacio González en Colombia o el asunto de las cremas que terminó por hundir a Cristina Cifuentes.
También hay que recordar los casos de espionaje que involucran al excomisario Villarejo, que supuestamente por orden de Rajoy espió a Bárcenas, así como, por orden del BBVA pincho más de 15000 llamadas de relevantes políticos y empresarios entre 2004 y 2005.
Los casos más recientes han sido el supuesto espionaje al hermano de la presidenta madrileña, Díaz Ayuso, desde el propio Ayuntamiento de Madrid que gobierna Martínez Almeida y el espionaje masivo desde el CNI, con conocimiento o sin él, de la Ministra del ardor guerrero, Margarita Robles, a políticos independentistas vascos y catalanes mediante un artilugio israelí.

La amiguita entrañable de alta cuna y baja cama del emérito sátrapa dicen que contrató a una agencia de detectives para que espiara a sus amistades más estrechas, entre ellas, a conocidos banqueros y grandes empresarios.

El humorista, José Mota, buceo en el “reservorio del recuerdo” y de ese oscuro lugar sacó personajes como la Vieja’l Visillo. Cuántas viejas del visillo hay y cuántos personajes siniestros como Villarejo quedan y cuántos otros anónimos se dedican a espiar de muto propio o por encargo y vender sus informaciones al mejor postor.

La comisión es la cantidad que se cobra por realizar transacciones comerciales que corresponden a un porcentaje sobre el importe de la operación. Cobrar una comisión, una mordida o dar un pelotazo ha sido el sueño dorado de una España que idealiza la posibilidad de hacerse rico sin esfuerzo.
Comisionistas los hay de toda clase y pelaje. Están los profesionales de siempre que por un trabajo bien hecho y elaborado logran que se dé una transacción comercial o financiera. Luego están los advenedizos, de dudosa cualificación profesional, algunos de apellidos de abolengo y alta estirpe y a todos les une, más allá de su mayúscula falta de moral y ética, la creatividad en su tejemanejes, su afán por lucrarse rápido y veloz y la hipocresía social que utilizan para justificar sus actividades ilícitas y cobro de enormes comisiones. Los recientes casos de Medina y Luceño, son buenos ejemplo de ello.

Ser comisionista se ha convertido en anhelo de quien con el mínimo esfuerzo espera conseguir el máximo rendimiento gracias a tener buenos contactos, sobre todo si en las administraciones públicas topa con las personas necesarias que faciliten por acción u omisión sus pretensiones.

De la misma manera, con los años hemos pasado de aquello de “mamá, quiero ser artista” de la Velasco a “mamá, quiero ser comisionista” .

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