ANDALUCÍA PUEDE ESPERAR

A nadie puede sorprender que en las elecciones andaluzas se estén debatiendo más que nada en clave nacional, todo ello a pesar de los propios y concretos múltiples problemas que aquejan a la Comunidad Autónoma.

Visto lo visto en los debates televisivos entre los principales candidatos, a nadie puede
extrañar el continuo desembarco de líderes nacionales, ya sea para apoyar a sus candidatos o para movilizar a su electorado.

Lo cierto es que el desembarco de Pedro Sánchez, Alberto Feijóo, Inés Arrimadas, Abascal y la mismísima Yolanda Díaz no solo está eclipsando a los candidatos, sino también originando que la realidad económica y social de Andalucía pase a un segundo plano.

Pedro Sánchez llega en auxilio de un anodino Juan Espadas incapaz por sí solo de motivar a su propio electorado, poniendo en valor las medidas sociales y laborales aprobadas, a pesar de que algunas de ellas lo hayan hecho a regañadientes por su partido en el seno del Gobierno.

Feijóo, viendo que las encuestas a favor, pretende con su constante presencia en Andalucía, que la supuesta victoria de Moreno Bonilla sea su propia victoria y le sirva para apuntalarle hacia la Moncloa. Un Moreno Bonilla que viene representando un perfecto dontancredismo como mejor herramienta de una impostora centralidad.

La aún lider naranja, Inés Arrimadas, sabiendo que la suerte de Cs en Andalucía condicionará muy mucho la existencia futura del partido, llega con la soga al cuello del batacazo electoral que la encuestas le pronostican, a pesar de los denodados y desesperados esfuerzos del chico de los recados de la Junta de Andalucía, Juan Marín, por pretender seguir saliendo en la foto, aun pareciendo fiel escudero de Moreno Bonilla.

El líder nacional de la extrema derecha, para seguir transmitiendo su discurso obsesivo cuando no patológico, contra el feminismo y la emigración, viene a arropar a su candidata perdida en su sobreactuación en una errática campaña en la que demuestra su palmario desconocimiento de la realidad andaluza.

Yolanda Díaz, con sus logros laborales y sociales bajo el brazo, aprovecha los comicios andaluces para promocionar su esperado proceso de escucha, esperando que la experiencia de la confluencia andaluza sirva para su proyecto nacional, aprendiendo de los clamorosos errores cometidos empuja a una Inma Nieto en su lucha denodada contra su invisibilidad comparativa.

Los anticapitalistas de Teresa Rodríguez, lastrados por su sui generis caso de transfuguismo parlamentario, pretenden ver reforzado su discurso de independencia sin tutela orgánica superior por el desembarco de líderes nacionales en Andalucía, ya que sus propuestas programáticas en poco se diferencian de las de sus antiguos compañeros y ahora contrincantes eletorales.

En este estado de cosas, lo cierto es que tanto para unos como para otros, por interés o necesidad o ambas cosas a la vez, Andalucía y sus problemas pueden esperar.P

Puño en Alto

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