LOS “ECO” DEL SANTO RÉGIMEN

El ya detectado con hechos, datos y actitudes decrépito y nauseabundo Santo Régimen imperante en esta Sanlúcar, tiene actores principales que con anterioridad han quedado suficientemente retratados y señalados.

En la colateralidad de sus efectos o, mejor dicho, en la colateralidad de sus artífices hay otros protagonistas y actitudes que también convienen recordar y señalar en este lamentable y triste régimen.

En la integridad del viciado ecosistema de entramado de intereses creado están los insignes tránsfugas que continúan haciendo gala de su extremada indecencia política. Tránsfugas que política y administrativamente siguen siendo amamantados en su obscenidad ética y moral por el consistorio. Políticamente por un Gobierno que cree que le conviene su persistencia y administrativamente por quienes deberían ser garantes de una legalidad y que se respete la voluntad popular miran hacia otro lado como pago de la sin par generosidad con que suben sus salarios.

Alrededor de estos tránsfugas se ha constituido un subecosistema no menos inmundo y repulsivo que en una simbiosis cuasi perfecta se realimentan. Constituyen un medioambiente en el que se muestran con vehemencia veladores de la salud del mismo, llevados por un odio indisimulado hacia otros, son capaces de justificar lo injustificable además de unir compromiso y complicidad en esa inmoralidad existente.

Los que con machacona insistencia se erigen en íntegros guardianes del tesoro medioambiental están perdiendo ese otro tren, el tren de la credibilidad, al no tener reparo alguno en dar cobertura a uno de los viciados ecosistemas del transfuguismo local alimentándolos artificialmente, haciendo de la ética y moral un sayo compartiendo el destino de la mediocridad.


Estos subprotagonistas, se muestran con frenesí como defensores acérrimos del subecosistema recelando de todo cambio que pueda dar al traste con la viabilidad futura del mismo y continuamente siempre están midiendo variables mediante complejos mecanismos. Creen, y así lo manifiestan, que un solo cambio en unos de sus componentes o variables por nimio que sea puede comprometer al hábitat necesario para su subsistencia y de ahí que se esmeren en conservarlo.

Se mueven con una impostora dignidad y una obscena modestia en ese estar no siendo, aunque siendo no están, haciendo del citado odio hacia otros el leiv motiv de su arrogante actitud y de su pretendida defensa del fétido subecosistema en el que pululan, parte activas integrantes sin desdoro del régimen decrépito y nauseabundo.

No son guardianes de ningún tesoro, ni tampoco de calabozo alguno, tan solo, de ser algo, son rehenes de sus propias miserias, que de manera nada ejemplar las pretenden libre de vertidos contaminantes, disimulando u olvidando que lo contaminado ya no se puede contaminar más.

Puño en Alto

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