TARDE, LENTOS Y MAL

La casa común, cada vez menos casa y menos común, de los llamados a tomar el cielo por asalto de la Sanlúcar del Santo Régimen, ha reaccionado, «oh, maravilla», y ha emitido un comunicado exigiendo la renuncia al acta de concejal, a quien hace al menos tres años abandonó el partido para integrarse en otra formación política.

Después de tres años, el circulillo moraito descolorido de la Sanlúcar del Santo Régimen se da cuenta de que el tránsfuga, a quien evitan en todo momento calificarlo como tal pero sí de okupa, por aquello de que esa terminología le será más familiar, se está quedando con el dinero de la asignación económica y controla el nombramiento de funcionario de empleo que reglamentariamente le corresponde del grupo municipal del que ya no es miembro.

Dicen, desde la inopia morada más supina en la que están sumidos, que el susodicho entre la honradez de dimitir y el dinero, ha elegido lo segundo. Lo que supone un alarde de sagacidad incomparable y se entiende sobremanera que hayan tardado tres años en darse cuenta de tan notorio hecho. Igualmente es de clarividencia envidiable afirmar que carece del trabajo y el compromiso propio de su formación política para trabajar para mejorar la calidad de vida de la buena gente de la ciudad. Vamos, de la suya y de cualquier otra. Por otra parte, la comparativa que hacen con el otro caso de transfuguismo, el de la extrema indecencia, aunque lo parezca, no es un golpe bajo, porque de todo es sabido que los extremos se tocan, incluso en actitudes de la peor ralea.

Anticapitalista y ávido dollars, como diría aquel, no debería mezclar bien, sin embargo, en la Sanlúcar del Santo Régimen mezclar mezcla y de qué manera. Incluso mezcla que un club deportivo, acuciado temporada tras temporada por la cortedad de sus finanzas, lo haya fichado como Tsorero. ¡Ay dios!

Todo parece que los nuevos casos de transfuguismo surgidos de la formación naranja y la petición de las actas de concejal correspondientes han hecho a los moraitos reaccionar como un resorte diciendo lo más parecido a «el mio también». Esperando con expectación que la formación de la extrema indecencia haga lo propio con el usurpador de su acta de concejal.

Mientras tanto, por encima de todo, el señor de los decretos rodeado de miseria, podredumbre y tránsfugas, plácidamente desde su atalaya mira satisfecho su obra, confiado que mientras unos y otros se pelean y enredan, su sillón no corre peligro.

En la Sanlúcar del Santo Régimen todo es naturalmente posible, hasta que el sol salga no por Antequera, sino por aquella alejada barriada en la que diariamente se dan sonoros casos aislados.

Puño en Alto

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