INSTITUCIONALIZADO

En contextos sociológicos, se aplica el término “institucionalización” a la sumisión voluntaria o forzada de un individuo o colectivo al régimen de vida de una institución hasta hacerse dependiente de ella, más allá del tratamiento que recibe y del nivel de participación que tenga en la misma.
La institucionalización se genera a partir de las acciones repetidas, que se convierten en típicas. En el mecanismo para explicar el orden social, Berger y Luckmann, de forma genérica, afirman que las instituciones han sido concebidas para liberar a los individuos de la necesidad de reinventar el mundo y reorientarse diariamente en él.

Estar institucionalizado, por tanto, es cuando un colectivo o individuo no solo acepta las reglas o estatus de una organización o institución social, sino que, en cierto modo, le confiere naturaleza de ser al no cuestionarlas, ya sea por la razón que sea, necesidad o interés, si les son contrario a su esencia.

El caso más paradigmático de lo que se pretende decir es lo del movimiento 15M de 2011. Dicho movimiento no tenía como objetivo crear nuevos partidos, sin embargo, parte de los indignados decidieron aceptar las reglas de partidos por la necesidad de la vía institucional para que sus demandas entraran en el sistema político. Principalmente, surgieron dos formaciones políticas, el Partido X y Podemos.
Hoy podemos decir que uno de ellos no ha entrado en el juego del sistema actual de partidos y el otro está absolutamente institucionalizado al aceptar las reglas del juego, aunque las pretendan cambiar desde dentro. Con ello, no pretendemos minimizar la aportación política de los hombres y mujeres de Podemos, todo lo contrario, pero es cierto que aquello del 15M, donde todo era cuestionable, a lo que se defiende ahora en la formación morada, en las formas y el fondo, hay un buen trecho, sobre todo, en lo que se refiere de democracia interna de los partidos.

De las plataformas municipalistass surgidas del 15M, que irrumpieron en las municipales de 2015 rompiendo el bipartidismo existente, pocas quedan y las que permanecen guardan poco parecido a los orígenes de su creación, han institucionalizado las formas y el fondo de sus políticas. No obstante, es justo reconocerlo, que el Movimiento 15M amplió los márgenes de la democracia dando visibilidad a muchos problemas que eran invisibles.

En definitiva, a modo de corolario, queremos decir que cuando se participa sin más, aunque sea de forma testimonial o esporádica, asumiendo la lógica de una institución de la naturaleza que fuese, se le está dando naturaleza de ser a dicha institución y a sus objetivos, y el riesgo de institucionalización del individuo o colectivo que participa en representación crece exponencialmente por muy elevados y hasta razonables que sean los motivos que le llevan a ello, cayendo en aquello tan arriesgado, cuando no, peligroso, de que los fines justifican los medios.

Asumir la lógica estética y elitista de una institución y, por tanto, socialmente excluyente, es un síntoma inequívoco de institucionalización, máxime cuando la institución tiene unos evidentes fines lobbistas para una élite. Los participantes quedan retratados como institucionalizados y cabe preguntarse cual será el siguiente paso en su deriva institucionalista.

Puño en Alto


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