TRÁNSFUGAS DEL SANTO REGIMEN

A poco más de seis meses de acabar el mandato 2019-2023, los reconocidos tránsfugas políticos de la Sanlúcar del Santo Régimen siguen luciendo su indecoro político por la ciudad y sentando sus vergonzosas posaderas en el Pleno Municipal, percibiendo sus prebendas, unos en forma de salarios y otros en forma de asignaciones económicas que nos les pertenece.

Sabemos de sobra que pedir a los susodichos tránsfugas un gesto de honestidad y renunciar a su acta de concejal es tan infructuoso como esperar que algún día el alcalde esmirriado aclare cómo y por qué facilitó todos los medios municipales posibles por haber a una empresa tapadera que según las pesquisas policiales pudo blanquear hasta un millón de euros en un concierto musical, que además supuso que cientos de niños y jóvenes no pudieran practicar su deporte favorito durante meses.

Hay quien llega a mantener, no sabemos si desde la inopia política más absoluta o desde un buenismo mal entendido o ambas cosas a la vez, que un tránsfuga no es estrictamente un corrupto porque le avale una normativa o una sentencia judicial respecto a quien corresponde la titularidad del acta de concejal. Más allá de todo ello, un tránsfuga es un corrupto corrompedor porque pervierte algo tan fundamental en democracia como la voluntad popular expresada en las urnas, traicionando a los electores que depositaron su voto porque iba en una determinada candidatura y a unas siglas concretas. Pero si, además, se da la circunstancia que su acto de transfuguismo va aparejado con prebendas de la que se libra de dar explicaciones, la corrupción del tránsfuga toma su más estricto significado.

El transfuguismo, como forma de corrupción política, se está convirtiendo en uno de los mayores cánceres de la democracia y es, por ello, que todo aquel demócrata que se precie debería denunciarlo y despreciarlo y no entrar en disquisiciones legales y normativas que al fin cabo solo beneficia a quienes pervierten la democracia. Los acuerdos antitransfuguismo entre todos los partidos son papel mojado cuando, llegado el caso, por mero cálculo electoral o de mantenerse en el sillón, se permite o fomenta, como está ocurriendo en el Santo Régimen.

Estos tránsfugas, ya sean asalta cielos frustrados que no llegaron al entresuelo, oportunistas patriotas de salón y pulseritas, capillitas de gomina rancia de prosa casposa y rima trasnochada o ya sean anodinos hipócritas ávidos de foto y supuesto reconocimiento o predicadores de valores Cristianos que no practican, son merecedores del reproche político, moral y ético más absoluto porque en su conducta no puede encontrarse paliativo alguno que la pueda justificar.

El victimismo es el último recurso del tránsfuga para justificarse, así como, manifestar ser objeto de una conjura de otros para quitarlo de en medio, algo que solo está en su enfermizo imaginario, cuando en realidad son los artífices de la degradación de la democracia y la voluntad popular por intereses espurios y nada confesables. Mantener el acta institucional integrándose en el grupo de No Adscritos no es más que una prueba de su baja catadura moral y ética.

De la misma manera, son merecedores del reproche social quienes por acción u omisión los mantienen y fomentan para beneficiarse en el presente o en el futuro.

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