DEBATE, SÍ GRACIAS

El miedo al debate o análisis de posiciones distintas e ideas paraliza una organización, ya sea de la índole que sea, y espanta de la misma a los que pretenden, sin apriorismo ni oportunismo estratégico, la búsqueda de la explicación, de la pedagogía y de la claridad de hechos, posiciones y resultados.

No gusta el debate cuando no hay esencia para debatir más allá de la consigna, orden, mandato o argumentario promiscuo. Huyen del mismo porque están acostumbrados siempre a una cohorte de escribidores de discursos, dosieres y documentos que simplemente son leídos, pero no interiorizados ni analizados y, en modo alguno, cuestionados.

Se teme a quien es capaz de pensar, a quien es generoso en ese pensamiento, cuya reflexión va más allá del cortoplacismo inmediato de quienes solo piensan en ganar y amputar la cabeza de Lampedusa y su gatopardo para que todo siga igual sin que nada cambie en su ámbito cortijero.

Quien se instala en la consigna como principio inamovible para defender una postura, en cualquier caso, lo hace por la comodidad de que sea otro quien piense por él , o por interés en la defensa de un determinado estatus o por la inseguridad o cobardía de ser incapaz de defender con argumentos sólidos una idea o posicionamiento o realizar un análisis fehaciente y fundamentado sobre un resultado o cualquier circunstancia que pueda tener relevancia en el desarrollo de la actividad de una organización.

El debate sincero y el análisis sosegado antes y después son necesarios y oportunos, sean las circunstancias que sean, para el desarrollo armónico de una organización y cuando estos esenciales elementos se escatiman de manera torticera para ocultar otras circunstancias o paliar carencias hacen que la organización no avance y se quede tan estancada como ajena a la realidad. Recurrir a la inoportunidad del momento es práctica común para impedir el debate o análisis.

Es en el ámbito político donde el debate o el análisis se hace más necesario y es donde, por desgracia, en el interno de los partidos cada vez brilla más por su ausencia en todo el espectro ideológico, incluso en aquellas formaciones llenas de historia y de una trayectoria intachable que, sin embargo, ha hecho del cainismo y de las consignas sus únicas formas de resolver discrepancias, que ahora son rémoras insalvables.

El mediocre siempre se opone al debate y a la modernización, porque en una organización moderna y eficaz, no tiene cabida y mira con recelo a todo lo que representa futuro y a quienes rechazan la defensa de un determinado marco de referencia sin más debate que las consignas.

Huir del debate o meter la cabeza en el suelo ante el mismo tal avestruz o impedirlo tachándolo de innecesario o inoportuno con cualquier excusa circunstancial, más allá de la capacidad de cada quien, son conductas anodinas propias de quien necesita que otros piensen por él.

Un análisis necesario para un debate imprescindible y un debate ineludible para un análisis primordial son piezas claves para el intercambio y desarrollo de un pensamiento crítico, los sucedáneos no solo son prescindibles sino desaconsejables.

Puño en Alto

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