SOBREDOSIS

«La gente que se dedica al narcotráfico son unos delincuentes desalmados a los que no les importan nada la dignidad de la gente ni les importan en absoluto que la gente entre en decadencia personal, y cuando esto se multiplica entra en decadencia un país«.

Así se despachó el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, desde la Universidad de las Américas de Quito, en Ecuador. Son manifestaciones pocos creíbles, sabiendo que hace años no tuvo reparo en compartir días de vacaciones en el mar, dejando pruebas gráficas de ello, con un traficante gallego, curiosamente muy conocido en Galicia, salvo para Feijóo. Dándole muy generosamente el beneplácito de la duda, es de agradecer que ahora se manifieste de esta manera acerca del narcotráfico, admitiendo y reconociendo el supuesto error. En cualquier caso, sorprende que estas manifestaciones las haga desde Ecuador y no ser atreva a hacerlas desde su Galicia natal, que ha sufrido como pocas la lacra social del narcotráfico.

En la Sanlúcar del Santo Régimen no vamos a tener la suerte de escuchar en boca del alcalde esmirriado, con más o menos sinceridad, palabras parecidas de condena del narcotráfico y de algo similar al reconocimiento del error. Todo lo contario, más allá de intentar minimizar la lacra social del narcotráfico en la ciudad calificándolo de casos aislados, a pesar de que no hay semana que no haya una actuación policial en determinadas zonas de la ciudad, silencio sepulcral.

Por supuesto, que admitir como error dejarse fotografiar sonriente y complaciente junto a individuos de conocida trayectoria en ese mundo delictivo en un acto de la pasada campaña electoral de las elecciones municipales de 2019 no pasa por su cabeza en modo alguno.

Lo de haber facilitado todos los medios municipales posibles para la celebración de un concierto musical en la que, según las investigaciones policiales, se pudo blanquear hasta un millón de euros provenientes supuestamente del narcotráfico, que a su vez supuso que cientos de jóvenes no pudieran practicar su deporte favorito durante más de dos meses, tampoco es digno de arrepentimiento, y elevar unas disculpas al conjunto de la ciudadania, porque lo de asumir otro tipo de responsabilidades ni con agua hirviendo.

Efectivamente, tal como desde Ecuador manifestó Feijóo, el narcotráfico origina ruina personal y por extensión en la sociedad que lo sufre y padece, y quienes se dedican a esta actividad execrable son tan miserables como aquellos que, sospechosamente, la pretenden minimizar mirando hacia otro lado, para que supuestamente no les pasen factura electoral allí donde con más intensidad se da el fenómeno delictivo del narcotráfico, o por otras motivaciones menos confesables como puede ser el caso del alcalde esmirriado del Santo Régimen.

No es de esperar que el esmirriado ético y moral visite cualquier lugar fuera de los límites del municipio sanluqueño o de allende de los mares para que desde allí condene el narcotráfico, califique a los que se dediquen a esa infame actividad de indeseables, poniéndose al frente de la lucha social contra el narcotráfico como han hecho otros alcaldes de ciudades de la provincia.

La actitud timorata y cobarde, así como, presuntamente permisiva del comprobado deterioro social y económico que origina el narcotráfico en el Santo Régimen no se puede pretender ocultar con sobredosis de clientelismo, sobredosis de manipulación informativa y con sobredosis de circo y pandereta.

Puño en Alto

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