LOS REYES SIN MAGIA DEL SANTO REGIMEN

La tradición manda y el propio reglamento de la institución así lo establece, que los que van a encarnar cada año esos entrañables e históricos  personajes sean elegidos entre los ciudadanos por sus valores éticos y morales en el desarrollo de su profesión o actividad laboral o empresarial, por su dedicación altruista para mejorar la calidad de vida de un colectivo desfavorecido o para la sociedad en general. La designación es lo más parecido a un reconocimiento social a ese prestigio y valores y así debe ser aceptado por el conjunto de la sociedad.

En la peculiar Sanlúcar del Santo Régimen, el alcalde esmirriado en lo ético y moral lleva años manoseando esas designaciones con el único objetivo de sacar rédito político, para pagar evidentes favores pretéritos o futuros por venir. Hay quien mantiene que el esmirriado busca personas, en gran medida, a la altura de su escaso nivel ético y moral, y necesitados de un cierto reconocimiento que de otra forma no sabrían obtener, porque de otra manera no se entendería.

Año tras año, ante el asombro de propios y extraños, siempre se cuelan algún que otro designado a quien no se reconoce ejemplaridad alguna en su actividad profesional, laboral o empresarial ni, mucho menos, un altruismo social digno de reseñar, sino todo lo contrario. Escudriñen entre los designados este año y años anteriores y comprobarán con sorpresa lo referido.

El esmirriado se presta a blanquear conductas, actitudes y trayectorias ya sean tan denostables como la de los que se dedican a esa lacra social y económica convertida en boyante industria que, cada vez que puede, minimiza su presencia y efectos en la ciudad, sobre todo en esa barriada en la que obtiene secularmente buenos resultados electorales. La pregunta surge de forma inmediata: ¿a cambio de qué se presta a blanquearlos?

Para evitar la discrecionalidad y, a todas luces, cuestionables y caprichosas designaciones sería conveniente que esos nombramientos honoríficos se hicieran mediante previa consulta popular, pero sabiendo la secular alergia que tiene el esmirriado a una consulta al pueblo, aunque sea para estos fines, la negativa es rotunda, entre otras cuestiones porque se pondría en solfa su intención de utilizar las designaciones con criterio clientelar y daría al traste con la herramienta eficaz de conseguir redito político que pueda convertirse en electoral llegado el momento.

El alcalde, para cuya dedicación absoluta en conseguir su reelección no escatima esfuerzos ni tramas clientelares para la causa, esfuerzos que no tiene traslado en la mejora de la ciudad y la calidad de vida de los vecinos. Si alguna vez, se produce algo parecido a ello fruto de su gestión, es que hay un calculado y evidente beneficio electoral evidente. Si hay alguna duda al respecto, su inhibición es igualmente tan evidente como manifiesta.

La institución que conforman los designados, de larga trayectoria histórica, está sufriendo un descrédito, a tal punto que algunos ciudadanos de reconocido prestigio declinan ser designados para no colaborar con el blanqueo pretendido por el esmirriado y deseado por los necesitados de ello para su pretendido reconocimiento social. Ese descrédito poco o nada preocupa y ocupa al esmirriado si consigue los fines clientelares.
En la Sanlúcar del Santo Régimen hay reyes y majestades y no vienen de Oriente ni cargados de regalos, precisamente.

Puño en Alto

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