GOLPES DE ESTADO A TUTI PLEN

Las derechas políticas ha entrado en la deriva de calificar como “Golpe de Estado” cada iniciativa legislativa a iniciativa del gobierno que no le gusta. Más allá de la hipérbole discursiva en la que están instaladas las tres derechas puede responder a causas distintas que encuentra un sentido compartido y único: transmitir la idea de que el gobierno progresista es ilegítimo.

De la misma manera que la derecha saca a relucir de forma recurrente el tema de ETA para hacer oposición al gobierno utilizando hasta la saciedad a las víctimas del terrorismo, ahora pretende utilizar el conflicto catalán para hacer lo mismo. No están interesados en darle solución al conflicto y sí en mantenerlo vivo para sacarle el máximo rédito político posible.

El pastiche político en que se encuentra lo que queda de Ciudadanos le hace acometer a Inés Arrimada una huida hacia adelante en forma de seguidismo a la ultraderecha en la petición de una moción de censura que presagia más que nada una aceleración en el proceso de desaparición del panorama político nacional.

La ultraderecha en su empeño de hacer oposición al PP le exige que presente una moción de censura, para de alguna manera devolver lo que sufrió cuando presentó aquella moción de censura contra el Gobierno, que el PP de Pablo Casado la convirtió en una moción contra ellos.

El PP queriendo heredar por absorción lo que queda de Ciudadanos pretende aparentar perfil propio huyendo de todo lo que pueda parecer seguidismo, así como, Feijóo pretende aparentar autoridad y evitar que otros le marque su agenda después que se le cuestionara su liderazgo cuando fue obligado a dar marcha atrás al acuerdo de renovación del Poder Judicial por presiones internas y mediáticas.

El desmarque de determinados barones autonómicos del PSOE respecto a las iniciativas legislativas de modificación de los delitos de sedición y malversación hay que verla en exclusiva mira electoralista que, a su vez, servirá para que Pedro Sánchez muestre autoridad al no dar marcha atrás en su acuerdo con ERC respecto a las modificaciones de los delitos mencionados anteriormente, al contrario de lo que hizo Feijóo.

Si esto no fuera poco, ahora el Tribunal Constitucional se erige como oposición al Gobierno pretendiendo paralizar de forma preventiva la votación en el Congreso de la ley que modifica los delitos de sedición y malversación porque conlleva la modificación de la renovación de magistrados del alto tribunal que afecta al propio Presidente del mismo. Hay algunos de estos doctos magistrados que no entienden que por mucho que se esgrima la separación de poderes, la soberania popular solo y solamente solo radica en el Parlamento y no en las puñetas de las bocamangas que adornan sus togas.

Ponerse de perfil no es la mejor de las opciones con la que está cayendo, ya sea por pura estrategia política electoral, por una apuesta vengativa o para intentar no salir muy perjudicado. En cualquier caso, nadie lo entendería si no se explica suficientemente, sobre todo si dicha posición la puede utilizar terceros como aval para seguir pescando en rio revuelto.

Las derechas ven golpes de estado como muertos veía el niño protagonista de la película “El Sexto Sentido”, y el Tribunal Constitucional pretende paralizar una norma por inconstitucional antes de ser aprobada, actuando como la policía de esa otra película “Minority Report” que se dedicaba a detener a personas antes de que pudiera cometer delitos.

Y mientras tanto, el Jefe del Estado, preparando sus vacaciones y no en el mar, precisamente.

Puño en Alto

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