NO HAY MAYOR POBREZA QUE SER UN MEDIOCRE COBARDE

Solo y solamente solo los mediocres y cobardes recurren al frio que hace fuera para justificarse, para hacer creer que está en posesión de la verdad y para amedrentar a quienes osen cuestionar el estatus creado y abominar lo de tener que comulgar con ruedas de molinos. Hacer de la mediocridad y cobardía un referente es un signo de manifiesta decadencia, ya sea apoyado por muchos o por pocos.

En la cobardía y mediocridad hay intereses, normalmente superfluos, mezquinos, cuando no, miserables y de mantenimiento de un estatus. Intereses que se pretende ocultar apelando a objetivos superiores o a coyunturas circunstanciales para justificar actitudes reprobables en lo ético y moral.

En contraposición a la cobardía que adorna normalmente al mediocre está aquella aptitud positiva que en determinadas ocasiones nos ayuda a definirnos mejor personal y socialmente con coraje, superación, osadía, fuerza de voluntad, seguridad…

La fortaleza de actuar con coherencia, decisión y firmeza haciendo frente a sus miedos, inquietudes y dudas, independientemente de las posibles consecuencias y a emprender nuevos retos.
No dejarse intimidar ante la amenaza, el cambio, la dificultad, la descalificación, el insulto, el dolor o la incertidumbre. Ser capaz de defender una postura que uno cree correcta aunque exista una fuerte oposición por parte de los demás, actuar según las propias convicciones aunque eso suponga ser criticado y denostado.
Es habitual asociar estas aptitudes a grandes actos valerosos, pero en realidad cuando toma más valor son en pequeños actos del día a día y en los comportamientos cotidianos.

Convenir que todos podemos ser reconocidos potencial y socialmente como valientes en cierta medida y en determinados momentos, es como reconocer que podemos ser cobardes en determinados momentos, algo que debe ser rechazado enérgicamente. Si bien valentía y cobardía son vocablos antónimos, como cualidad no lo son tanto, ya que en la ausencia de cobardía no siempre hay valentía, pero si la ausencia de esta da aquella. El potencial y la base está ahí, es decisión personal entrenarlo y potenciarlo. En el mediocre no hay intención de potenciarlo ni entrenarlo porque lo trae potencia y entrenado de origen.

Cuando hacemos algo, porque sabemos hacerlo y lo tenemos bien dominado, seremos expertos, profesionales o estaremos bien entrenados, pero tampoco seremos valientes por eso. La valentía transita por otros derroteros que tiene ver con la capacidad de superar retos, impedimentos o de rebelarnos ante situaciones injustas, sean las consecuencias que sean.

En definitiva, hay que valorar la valentía como cualidad personal, y para que la cobardía y comportarse con mediocridad no valga la pena y lo contrario no salga tan caro como canta Joaquín Sabina.

Puño en Alto

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